Distancia: 3,65 km | Desnivel acumulado: 577 m | Tiempo: 1 h 23 min
Track (ida y vuelta): Barrio de Arriba – Los Labrados – Lancha Jogona – Risco del León.
Álbum de fotos de la ruta: Javier Hernández

Septiembre 2025. Qué fácil es pasar una tarde en la sierra, disfrutar del entorno, charlar en buena compañía ¡y recoger moras!
—¿Cómo se llamaba donde fuimos la última vez, que no me acuerdo del nombre —me preguntó José Ramón por Telegram.
—Estuvimos en Pradosegar, viendo a los corredores de la I Serrota Xtreme —le contesté inmediatamente sin meditar bien la respuesta. Después, él me recordó que esa fue la penúltima, porque la última fue en Riofrío. Y estaba en lo cierto.
—Tenía pensado ir a recoger unas moras, que si recuerdas vimos unas muy hermosas cuando regresábamos hacia el coche —insistió en sus mensajes tan inesperados para mí.
—Pues si hay sitio en el coche, me apunto. Dime hora y… —le contesté rápidamente con la ilusión de salir a caminar un poco esa misma tarde.
Y así fue como, sin prepararlo, nos vimos caminando sierra arriba remontando el curso del Arroyo de los Tejos. Con una temperatura típica de las tardes previas al «veranillo de San Miguel», lo que iba a ser un paseo en busca de los sabrosos y abundantes frutos rojos, se convirtió en una ruta de #SenderismoFácil.
Yo soy más de planificar las cosas, repensar qué llevar en la mochila tras repetidas consultas a las páginas de AEMET y similares. Analizar si, en caso de complicaciones, conviene llevar frontal (por supuesto que no dudé en llevarlo), o si es necesaria alguna prenda más de abrigo. Algo de comer, bebida suficiente…
J. R. no. He ido de ruta varias veces con él y es feliz con sus decisiones casi espontáneas.
—Que ahora me apetece salir, pues salgo. Que hoy no tengo ganas de caminar —algo muy difícil en una persona que los diez mil pasos diarios le parecen una cosa normal— pue me voy al gimnasio a castigarme un poco.
De cualquier forma, el paisaje que íbamos recorriendo a medida que ganábamos altura nos estaba pareciendo de lo más idílico. De divisar los alisos negros en la ribera del río pasamos a ver los nogales con las ramas llenas de nueces, sobresaliendo por encima de las paredes de los huertos que con tanto esmero cuidan los vecinos de esta localidad. En las cotas más altas, cervunales y piornales competían con los enebros, brezos y tomillos por ocupar las zonas donde mejor adaptar sus raíces. Caminamos por un terreno granítico, donde la abundancia de rocas hacen más difícil la proliferación de esta vegetación tan característica de la zona.
Como sólo queríamos dar un paseo, nos pusimos como meta llegar hasta la zona del Risco del León (cota 1.550 m). Yo sí iba equipado para subir más alto (ya os digo que soy previsor) pero J.R. iba con una simple camiseta y nada de abrigo. Las paredes de las montañas iban privándonos del baño de la luz solar y la brisa cálida del mediodía perdía temperatura de forma rápida.
Con buen criterio decidimos darnos la vuelta, porque nuestro principal objetivo era dar un paseo. Y nos estábamos metiendo un ascenso de 361 m con el que no habíamos contado.
Soy de los que defienden que la vuelta no se parece a la ida, o dicho de otra forma, que todas las rutas son circulares. Cuando subes tienes una visión muy distinta a la de cuanda desciendes. Aunque regreses por el mismo sitio. Rodear un gran enebro rastrero, dejar el camino para ver lo que parece una zona improvisada de vivac, o cualquier otra circunstancia, hace que cambies un poco la trocha de subida y eso hace que no bajes exactamente por el mismo lugar.
Además, mientras bajábamos las vistas eran hacia el Valle de Amblés, y eso te permite ver otro paisaje muy distinto, entre otras cosas por la posición del cuerpo al andar, que cuando subes vas medio agachado, ayudándote de los bastones.
Incluso, con la comodidad del descenso, nos pudimos deleitar observando a un solitario corzo (¿puedes localizarle en esta foto?) que nos vigilaba desde el otro lado del arroyo.
Desde luego, no íbamos a regresar a casa con las manos vacías. ¡Qué pensarían de nosotros! Las zarzamoras son arbustos silvestres muy comunes en senderos y caminos rurales. Durante el verano y principios de otoño, sus ramas espinosas se llenan de frutos negros y dulces. Estas moras no solo alimentan a la fauna local, sino que también son un tentempié natural para los caminantes. Además, su presencia indica la riqueza del ecosistema por el que transcurre la ruta.
De nuevo, en este tema me siento un auténtico novato. No soy mucho de coger frutos silvestres por aquello de evitar «problemas digestivos» durante la realización de actividades deportivas 🙂
Pero J.R. sí es un recolector avanzado. No sólo me recitó las múltiples ventajas de esto frutos silvestres: » …las zarzamoras ofrecen fibra, antioxidantes, vitaminas (A, C, K) y minerales que apoyan la digestión, fortalecen el sistema inmune y protegen el corazón, además de ser bajas en calorías y tener efectos antiinflamatorios». También me indicó cómo elaborar unos platos sencillos para su ingesta.
Eso sí, no me deja desvelar dónde las recogimos. He tenido que borrar los datos de geolocalización de las fotos para mantener en el anonimato estas espinosas plantas que crecen en las paredes de los huertos, al lado de las carreteras por donde discurra un hilo de agua, en las paredes de cualquier edificación abandonada, tan frecuentes en nuestros olvidados pueblos, y en un sinfín de rincones que hacen muy difícil su localización 🙂
¡Hasta la próxima ruta

Fantástico relato Javier, y qué bonito lugar, lo digo por experiencia. Allí tuvimos la Exposición este verano.
Muy recomendable, y para comer en el bar del barrio de abajo…
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Es verdad. Recuerdo que nos invitaste a tu exposición, pero las fechas coincidían con las vacaciones. Espero que podamos vernos allí y que nos cuentes cosas de tus excelentes acuarelas.
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Experto en zarzamoras
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Y en su elaboración culinaria 😜
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Gracias por compartir fotos y comentarios
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En cuanto digáis repetimos. Eso sí, mejor por la tarde. Las luz es increíble en esa zona.
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