Arquitectura de luz: de cómo el Monasterio de Santo Tomás de Ávila se construyó para atrapar al Sol.
Álbum de fotos: Javier Hernández y colaboraciones.
Septiembre 2026. «El Monasterio de Santo Tomás de monjes dominicos se comenzó a construir en la década de 1480 a expensas de María Dávila, quien ya hemos citado en la fundación de Las Gordillas, por encargo de su difunto marido que fue tesorero de los Reyes Católicos, y, sobre todo, de fray Tomás de Torquemada, quien atrajo el patrocinio real». (página 24 del TFG de Grado en Historia de DHJ).
La orientación perfecta: Un reloj solar de granito.
Cuando en 1482 el arquitecto Martín de Solórzano comienza las obras del monasterio, entiende que el granito abundante en la zona es el material ideal para dar la solidez y monumentalidad del edificio encargado, pero a costa de prescindir de grandes ornamentaciones y otros elementos superficiales más vistosos. Quizás sea por esta razón que la luz juegue un papel tan importante en el proyecto.
El pasado día 23 de septiembre de 2026, armados con nuestras cámaras, quisimos recoger un año más el curioso efecto que se produce el día del equinoccio de otoño documentando cómo los rayos de sol del ocaso van dibujando su trayectoria sobre el Retablo Mayor del Monasterio de Santo Tomás.
La orientación canónica: «Ad Orientem»
Construir una iglesia, en la Europa medieval, seguía una norma principal. El ábside miraba hacia el Este —por donde nace el sol «Lux Mundi»— y la fachada principal miraba hacia el Oeste —por donde se pone el sol al atardecer «Ocasus Solis»—.
La disposición este-oeste, además de responder al dogma litúrgico, también resolvía una necesidad física. Dotar a las dependencias, tanto para galerías altas o bajas de los claustros, de la mejor optimización de las horas solares. Los óculos, aberturas o ventanas de forma circular, como el resto de ventanales permitían la entrada de luz natural además de la ventilación necesaria.
Estos captadores de luz garantizaban que los pasillos de tránsito como los espacios de trabajo y oración tuvieran iluminación natural desde la aurora hasta el ocaso.
«Forma et lux» (Forma y luz)
La iluminación a través de velas de cera eran un lujo en el siglo XV, cuando se comienza la construcción de este monasterio. Y los hachones (velas de cera muy gruesas) y candiles generaban sombras que no ayudaban en los espacios donde se requería luz para la lectura, como en el coro.
Para ello se ideó el óculo como una gran lente proyectora de la luz solar. Pensado, principalmente, como espacio de lectura y oración, el coro se construía con maderas nobles y de gran resistencia, como el nogal, donde los carpinteros —Martín Sánchez de Valladolid, en nuestro caso— mostraban su dominio de la técnica con la construcción de sorprendentes sillerías. Tal es así, que seis siglos después podemos contemplarlas tal y como fueron elaboradas, donde el paso del tiempo parece que sólo ha actuado en las zonas más usadas, como asientos y apoyabrazos.
En esta época del año —equinoccio de otoño— el sol se hace más notorio sobre este captador en su recorrido habitual hacia el horizonte en las últimas horas de la tarde. Al estar en una posición más baja, sus rayos atraviesan de forma casi horizontal el vidrio y cruzan la nave en línea recta hacia el presbiterio buscando dejar su huella indeleble de luz sobre el retablo.
«Sol super Lignum et Aurum» (El sol sobre la madera y el oro).
Podríamos pensar que cuando el pintor palentino, Pedro Berruguete, acometió los trabajos del Retablo Mayor era conocedor del recorrido del rayo de luz que atravesaba el óculo en fechas tan señaladas, esto es, durante los equinoccios de otoño y de primavera. Fue al año de finalizarse la construcción del monasterio —en 1494, doce años después del inicio de las obras— cuando ideó un retablo dividido en tres partes, que contienen cinco grandes tablas donde se plasman episodios de la vida de Santo Tomás de Aquino.
Siguiendo el estilo hispanoflamenco y la tradición gótica de finales del siglo XV, el uso de pan de oro en los fondos era habitual. Los dorados aportaban suntuosidad, riqueza visual y durabilidad. Efecto que queda remarcado cuando el haz solar se desplaza por las piedras oscuras de los pilares y los arcos —toral y triunfal— y comienza a deslizarse suavemente sobre la madera policromada.
Creo que he asistido en tres ocasiones en esta fecha —finales del mes de septiembre— para presenciar este efecto lumínico, que quizás no sea conocido por la mayoría de los vecinos de Ávila. Con estas líneas escritas y el amplio reportaje fotográfico, queremos darlo a conocer y emplazarlos para el mes de marzo de 2027, fecha en la que se repetirá este barrido de luz.
O, en su defecto, que visiten cualquier día esta iglesia y observen los fenómenos que la «luz del sol sobre la madera» provocan mientras tiene lugar la celebración de la Eucaristía —última del día—.
*Nuestros mas sinceros agradecimientos a los padres dominicos Ángel Almarza García y Francisco Javier del Valle Cubillo por su atención y por dejarnos fotografiar desde el coro este espectáculo efímero.
Fuentes consultadas:

Buen relato y mejor carrusel de fotos.
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Me encanta saber que estas grandes cosas están en nuestra tierra y van siendo descubiertas, es increíble que siendo de Ávila no sepa de estas joyas de la arquitectura, gracias Javier por poner una sonrisa en mi cara y por dejarnos leer y ver todo lo que nos muestras. Quiero más.
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