Álbum de fotos: Javier Hernández y colaboraciones.
Trashumantes extremeños por Ávila – mayo 2025
Trashumantes extremeños por Ávila – mayo 2023
Mayo 2026. ¡Han regresado! La familia de José Manuel —amigos y acompañantes— se encuentran estos días por nuestra provincia. Hemos esperado el mejor momento para encontrarnos con ellos y nos ha parecido que el Puerto de Menga era un punto ideal. Quién sabe si volveremos a verlos antes de que abandonen estas tierras.
—¡Dígame! —me responde José Manuel siempre atento a cualquier llamada telefónica. Y es que, desde que nos conocimos en mayo de 2023, en la Hija de Dios (Ávila), ha atendido de forma cortés todas las veces que le he llamado para preguntarle que por dónde iban, que dónde montarían el redil para descanso de su rebaño de mil setecientas ovejas merinas. En fin, con todo el trabajo que tiene que hacer, siempre está solícito para dar las explicaciones que sean necesarias.
Y por eso ¿cómo no vamos a ir a saludarlos aunque solo sean unos minutos?
Es casi hipnótico ver cómo esta familia de ganaderos extremeños, que salió de su localidad Huertas de Ánimas (Trujillo, Cáceres) el día trece de mayo, repite día tras día la misma tarea a estas horas de la tarde.
El rebaño se mueve como si se tratase de un baile sincronizado girando sobre el núcleo central de la pista, que es el prado. La música corre a cargo del pastor quien, con precisos silbidos, marca el compás que todos han de seguir. Y los perros carea, los que mejor saben interpretar esas notas musicales, se encargan de que los danzantes lo hagan en el sentido y dirección que el director de orquesta les ha indicado.
Miguel y yo tuvimos la suerte de vernos rodeados por una masa enorme de ganado merino, a quien no le importaba nada nuestra presencia —ni siquiera nos rozaban—. Bajo la atenta mirada de los mastines que, situados en puntos estratégicos, vigilaban para que todo se realizase en el orden establecido. ¡Un dos tres, un dos tres…!
¡Será difícil olvidar esta experiencia que apenas duró diez minutos!
El burro ya está descargado de sus alforjas y libre para pastar con tranquilidad en los frescos pastos que aún ofrece esta sierra abulense. Los mastines tumbados y descansando, después de haber comido su ración diaria de pienso, en recompensa por el trabajo realizado durante toda la jornada —y que seguirá toda la noche de vigilancia—. Los perros carea caminan junto a sus dueños, porque saben que serán recompensados por haber interpretado exactamente las instrucciones recibidas.
Es hora de montar el campamento. Las tiendas de campaña aparecen por todas partes, donde pastores y acompañantes pasarán la noche. El coche de apoyo, remolcando el carro cocina/despensa, abre sus puertas para ofrecer agua y útiles para el baño de los cansados ganaderos.
Mientras, los cocineros y cocineras encienden los fuegos donde se elaborará el menú de la cena de esa noche. El sonido de los utensilios de cocina no cesará hasta que todo esté listo.
Avanza la tarde y el sol se desliza por las laderas de la montaña. El rebaño ha dejado de balar, los perros de ladrar, y el sonido lejano del cuco choca entre las rocas cercanas, indicando así su presencia. ¡Cu-cú! ¡cu-cú!
En esta ocasión no he querido ser tan técnico hablando de la trashumancia, de kilómetros recorridos al día, de los puntos de paso, de cómo «el cordel» está casi perdido en muchos tramos, de…
He preferido teclear para expresar sensaciones, aún sabiendo que sólo los que hemos estado allí podemos recordarlas: qué se siente hablando con esta gente tan agradable, tan educada, tan cercana.
Nos queda —¿verdad Miguel?— el buen sabor de boca de ser unos privilegiados al saber que somos bien recibidos; que se acuerdan de nosotros, a pesar de ser cientos las personas que les abordan y les preguntan; que nos deseen que todo vaya bien, igual que nosotros también se lo deseamos a todos ellos.
Un fuerte abrazo para toda esta familia. ¡Jaaaleee, jaaaleee……!
¡Buen camino, amigos! ¡Hasta la próxima vez que nos visitéis!
Reportajes fotográficos de Trashumancia Finca Hinojosa

Muchas gracias por vuestra visita, siempre nos s gusta ver a buena gente y paisanos en el camino
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Las gracias os las damos nosotros por dejarnos entrar en vuestras vidas. ¡Buen camino!
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Ser testigos en persona de una forma de entender la vida, en serio peligro de extinción, es sin ningún género de duda, un privilegio Javier.
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Sin duda. Hace tan solo unos años no teníamos ni idea de esta práctica. Y poder saludarlos es todo un honor.
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Bonito relato Javier, enhorabuena a ti por compartir y a los protagonistas por enseñarnos la profesión, fuerte abrazo 🫂
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Gracias Manolo. De verdad que es una profesión muy sufrida. ¡40 días caminando hasta los puertos de León!
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Muy interesante. No está de más conocer o recordar, estas profesiones tan sacrificadas
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Así es Paco. imagina la de situaciones distintas por las que pasarán ¡a través de un recorrido de 600 km!
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Enhorabuena Javier, por expresar tan bien las gratas sensaciones que pudimos compartir con esta familia de trashumantes en el Alto de Menga.
Por mi parte, además de conocer algunos aspectos de la trashumancia. lo que más me llamó la atención fue el buen carácter y actitud de esta familia, tras una larga jornada de actividad, a la que ya habían precedido dos semanas (de las de 24/7 de trabajo como se dice ahora) y faltando otras 3 o 4 semanas para llegar a su destino. Sin duda, ese andar pausado con el rebaño durante todo el día, vivir en contacto estrecho con la naturaleza y el entorno, de día y de noche, tiene que moldear a las personas. Me encantó ver su tranquilidsd y buen hacer encerrando a las ovejas en el redil que prepararon (y como localizaron a los dos mástines que se habían metido «camuflados» entre las ovejas…).
!Buen camino famila!, y espero que sigáis manteniendo vuestra actividad trashumante con la alegría, el disfrute, y serenidad que nos transmitisteis.
(Javier, además de la enhorabuena por el artículo, también por no solo oír el cuco, sino por verle en vuelo y posado)
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Estaba esperando tu comentario, Miguel. Este artículo es como si lo hubiésemos escrito juntos. Me alegra leer que sentimos las mismas sensaciones.
¡Y gracias por darme la suerte de fotografiar al cuco! ¡Cu-cú!
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Gracias, este tipo de relatos hace que se pare el tiempo, por un momento yo también estaba allí. Da gusto leerte Javier
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