Relatos

foso de ITV

 

“Es cuando el técnico te cataloga en ese listado secreto que tiene donde clasifican a los que pasamos por allí: los normales, los listillos, los torpes, los despistados y los vaya tela. Creo que me ha encasillado en los del último grupo. En ese momento me pide con resignación que me baje del coche. Que le deje a él.”.

—Siga, por favor, y espere allí­ hasta que le toque pasar —me indica el técnico al finalizar el examen del aparato digestivo del motor de mi coche.

—Gracias. Ha sido usted muy amable —respondo con humildad para que no les diga a sus compañeros nada de lo ocurrido.

La espera al sol

Avanzo hacia un patio exterior donde me esperan dos largas filas de coches. Están alineados frente a las entradas de una gran nave donde se revisan a fondo los vehí­culos. Rápidamente cuento los coches que hay en cada fila y elijo la que tiene un coche menos. Jejeje, soy así.

Estamos en el mes de julio, en Ávila, en un patio sin ninguna sombra donde proteger a los vehículos ni tampoco a nosotros, los conductores . Es una tarde calurosa y parece que vamos a pasar un largo rato esperando nuestro turno.

Aquí el movimiento de coches es muy parecido al de los grandes atascos. Todos parados, fuera de los vehí­culos y esperando a que el coche de delante se mueva lo más mí­nimo para salir a la carrera y mover el tuyo esos centímetros con los que dices a los demás ¡aquí­ estoy yo!

Es cuando aparece un nuevo conductor que de forma indecisa elige una de las dos filas para guardar su turno. Nada más que desaparece un coche en la nave observa que ha elegido la fila más larga y comienza a maniobrar, con dificultad, para cambiarse de fila. Primer error. No suele funcionar.

Deben haber puesto algún técnico más para revisar vehículos porque  han llamado a dos coches a la vez ¡de la misma fila! Y ahí tenemos a nuestro indeciso maniobrando una vez más para ponerse en la fila que acababa de abandonar. Segundo error. Ha perdido su sitio y le han enviado al final de la cola.

Llega mi turno

Continúo nervioso. Es una nave muy amplia, con varios coches dentro y con el motor encendido. El ruido y el eco me producen distorsiones a la hora de entender a mi examinador.

—Deténgase. Ponga punto muerto. Freno de mano. Luz de cruce….

Ya estamos. Todas las instrucciones seguidas sin saber si le oigo bien. Espere hombre que baje la ventanilla —me digo para mis adentros.

—Luz larga. Iterminente izquierdo. Intermitente derecho. Antiniebla delantero…

Ji ji ji. Me troncho yo solo con una risita nerviosa. No sé si quiere decir su izquierdo o el mío porque no doy una. ¿Ha dicho antiniebla delantero? ¿Eso no se encendía solo cuando había niebla por la noche?

Estoy convencido de que se hacen señales entre ellos y saben que soy de los de vaya tela. Ha venido otro técnico en mi ayuda y me va indicando como a quien va por primera vez a la autoescuela dónde se encuentran los mandos que tengo que activar. ¿Sabéis dar el agua de los limpias….? Ji ji ji.

Me han liberado de pasar yo mismo por el frenómetro, el foso y el medidor de holguras, verdadero potro de tortura para mi querido utilitario, para evitar algún susto mayor.

Esperando el informe de inspección

Estoy de pie en una pequeña isleta, a modo de zona de descanso, a la espera de que me den el informe técnico. Vamos, como si fuera la cartilla de las notas. Es cuando te fijas en la cara de los conductores que están pasando el calvario que acabas de pasar tú. Pobrecillos.

—¡Señoooor… sólo mueva el volante de un lado para otro pero con el freno pisado!

—¡Nooo… pero no tanto…. que va a meter la rueda en el foso! ¡Crash….. boom!

¿A que no sabéis quién acaba de liarla?

(leer la primera parte del relato)

Pasar la ITV… otra vez (2/2)

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Pasar la ITV… otra vez (1/2)

foso de ITV

 

“Le recordamos que, según nuestros archivos, la Inspección Técnica de su vehículo, matrícula AV-0000-X, caduca el día dd/mm/aaaa, por lo que, le recomendamos lo presente a inspección (*) antes de dicha fecha, evitando de esa forma, posibles sanciones”.

A ver quién es el guapo que no hace caso a la carta que te envían de la ITV ¡Pero si sólo hace un año que la pasé! Otra vez a pasar el exámen.

No es que me moleste pasar la ITV. Estoy a favor de que los vehículos circulen en las mejores condiciones posibles en aras de la seguridad de todos. Es por lo mal que lo paso. Es como si me estuviese examinando de nuevo para sacar el carnet de conducir. ¡Después de tantos años!

La oficina y la cola

Como la ITV está a unos cuantos kilómetros de mi casa, en el trayecto voy repasando mentalmente cómo la pasé el año anterior.

Uno: dejar el coche en la fila, que luego siempre hay un listo que se cuela.

Dos: ir a la oficina a pagar.

Tres: el analizador de gases.

Cuatro: el túnel de pruebas y para casita. Fácil.

Llego a media tarde y sólo hay dos coches delante de mí. Bien. Me acerco y dejo el mío en la fila. Cojo los papeles – la carpeta completa – y voy hacia la oficina.

—Buenas tardes. Saque el permiso de circulación, la tarjeta de inspección técnica y el DNI —me espeta la señorita de la oficina con una rapidez infinita fruto de haberlo dicho mil veces.

¿El permiso de circulación? ¿querrá decir el carnet de conducir? —me interrogo a mí mismo— Por si acaso, y para no parecer memo, distribuyo sobre el mostrador el conjunto de documentos que van en la carpeta y que no he vuelto a ver desde la revisión pasada, es decir, desde hace un año.

—A ver… turismo, gasolina, revisión periódica….. —va repitiendo por lo bajo como justificando el palo que me van a dar de un momento a otro—. Bien, son tantos euros —. He notado cierta lástima en su  mirada. Como si presintiera lo que iba a ocurrir a partir de ese momento.

Vuelvo a mi coche y veo que ya no tengo a nadie por delante. El técnico del túnel de gases me hace una señal para que avance y le hago caso. Bueno, lo intento. De momento el coche no arranca a la primera. ¡Qué momento más inoportuno para calarse! Después de dos intentos más consigo que el motor obedezca y, aunque dando trompicones, consigo llegar.

El capó y el analizador de gases

—Buenas tardes. Deje el motor en marcha. Punto muerto. Freno de mano echado. Abra el capó…— y no sé cuántas cosas más me dijo el técnico y que no acertaba a entender por el ruido que hay en esta zona.

¡Qué manía tiene la gente de darte un montón de órdenes sin mirarte y dar por sentado que oyes todo lo que te dicen!

Con los nervios por el fallido arranque ya no eres tú. No estás seguro de cómo se pone el punto muerto. Se te olvida poner el freno de mano. Y el capó… ¡ay el capó! ¿cómo se abría? ¡si la palanquita estaba aquí —buscando debajo del volante— pero ahora no está!

Es cuando el técnico te cataloga en ese listado secreto que tiene donde clasifican a los que pasamos por allí: los normales, los listillos, los torpes, los despistados y los vaya tela. Creo que me ha encasillado en los del último grupo. En ese momento me pide con resignación que me baje del coche. Que le deje a él.

No acierto a abrir el seguro de la puerta, pues me he liado con los papeles que todavía llevo de la mano,  además del móvil y la botellita de agua… Para colmo, se me ha enganchado el cierre de seguridad de la hebilla del cinturón y no puedo liberarme. Mal vamos. Este año verás como no apruebo.

(seguir leyendo el relato)

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