Relatos

mi habitación

De: Departamento de Recursos Humanos

Asunto: Asistencia al congreso de Motivación Personal, en Barcelona

Fecha: 16 de noviembre de 2016 14:40:12 GMT+01:00

Para: javierhernadez@mi_empresa.com

Texto: Con este mensaje te comunicamos que has sido seleccionado para asistir al congreso de Motivación Personal que se celebrará los días 21 y 22 de noviembre en la ciudad de Barcelona. Desde la secretaría del congreso contactarán contigo para darte a conocer el plan de viaje, hotel donde te alojarás y la agenda de actividades de los dos días. En espera de que sepas apreciar esta oportunidad que se te brinda (…)

 

—¡No, nooooo…! ¿Por qué he abierto el mensaje cuando ya me iba a casa en vez de dejarlo para el lunes? —me recrimino en voz alta—. Ahora ya saben los de RRHH que lo he leído y que estoy enterado. Los sistemas de correo interno envían al emisor mensajes de enviado leído.

De esta ya no me libra nadie.

Toma conciencia de lo que está pasando

Me ha entrado tiritera de los nervios. He ido a la máquina del café a relajar mis temores y, también, para ver si me encuentro a alguien y le doy la brasa. Como si con este acto pasara mis preocupaciones al que me escuche ¿Podré argumentar algo para no ir?

Regreso a mi mesa y me encuentro cuatro mensajes nuevos en la bandeja de entrada de mi correo. Uno de la secretaría del congreso saludándome en nombre de la Organización. Otro detallando los actos de las dos jornadas que estaré con ellos. En el tercero es donde me envían los billetes de tren en pdf —y que tengo que imprimir— con horarios y estaciones por las que pasaré. El cuarto y último correo es para  indicarme que un autobús me recogerá en la estación de Sants, en Barcelona, y que me llevará al hotel con el resto de asistentes provenientes de distintos puntos de la geografía española.

—¡Aggg…., me va a dar algo! —grito en mi sitio ahora que estoy solo—. Hace más de seis años que no viajo en tren. Bueno, que no viajo en general por que tampoco he salido de mi querida Ávila. NO-ME-GUS-TA-VIA-JAR.

Planifica y controla la nueva situación

Hoy es viernes 16 —repaso mentalmente—. El viaje no será hasta el próximo miércoles 21. Esto quiere decir que tengo un fin de semana para pensar un poco cómo afrontar este reto. ¡Lo veo todo claro! —exclamo al fin—. No es un programa de motivación, es un programa de superación. Ahora es cuando me tienen que servir de algo todas esas horas que he pasado viendo programas de viajeros. Si da gusto verlos. Con una simple mochila, un pantalón y una camisa son capaces de llegar a cualquier parte del mundo.

—Tranquilo. Planifica y anticípate —me digo a mí mismo como si fuera un asesor personal experto en pasar malos tragos—. Muy bien, vamos a repasar tareas: viaje, maleta y ropa para llevar, estancia en el hotel y asistencia al congreso. No es para tanto.

Actúa. Saca lo mejor de tí

Hoy es miércoles 21. El tiempo ha pasado muy deprisa y aquí me encuentro, recordando cómo he llegado a esta situación.

A las 07:00 h. me estaba levantando. Los nervios no me permitían seguir despierto en la cama. He dormido poco y a intervalos. La salida del tren Ávila – Madrid Chamartín a las 08:17 h. me tenía intranquilo. Toda la operación podría fracasar si no cogía ese tren. El AVE Madrid – Barcelona salía de la estación de Atocha a las 10:30 h. y cualquier descuido sería una catástrofe para mí.

Durante el fin de semana estuve tratando de conseguir información de cómo ir desde Chamartín hasta Atocha pues, como he dicho, hace años que no frecuento esas estaciones. Sólo a mí se me podía ocurrir preguntar a un compañero que trabaja en Madrid:

Si es muy fácil, hombre —me dice de forma burlona por teléfono—. Cuando llegues a Chamartín te vas a Cercanías y coges el primer tren que salga, que TODOS pasan por Atocha. Luego allí está chupao. Vas a las vías del AVE y coges el de Barcelona, que……

Vale, tío —pienso mientras me da indicaciones— Ya me preguntarás algún día cómo ir a la Laguna Grande de Gredos, que te voy a decir: Si es muy fácil. Cuando llegues a Ávila, te vas a la estación de autobuses y sacas un billete del primer autobús que pilles, por que TODOS van a Gredos. Luego, allí, pregunta a alguna cabra que te indicará cómo llegar al refugio. ¡No te joroba!

No son gigantes. Sólo son molinos

He llegado a la estación de Chamartín, donde me reciben tantos andenes que no sé ni hacia dónde ir para continuar mi viaje. El maquinista ha tenido la amabilidad de dejarnos al final de los límites del apeadero —a quien también le deseo un buen día—. Por el instinto de supervivencia sigo a los que llevan maletas con ruedas, pensando en que también continuarán su viaje.

Y llega el momento de las escaleras mecánicas. Intento disimular el miedo que me dan esos escalones que aparecen de repente y desaparecen al final del recorrido. Pero la gente que viene detrás te da ese empujoncito que necesitas. ¡Ale hop!

He llegado al vestíbulo de la estación y aquello parece un día de domingo de mi ciudad. Gente corriendo de acá para allá. Pero ¿por qué corren? —me pregunto— Cuando oigo por megafonía que hay un tren con destino a Atocha y Aranjuez y que sale en un minuto por la vía 2. ¡Vamos, vamos chaval, corre o te quedas a dormir en esta ciudad!

Los madrileños están muy bien entrenados, lo tienen que hacer todos los días. Pero un paisano de provincias como yo llega a un pedazo de estación como ésta y se pierde, claro. Consigo encontrar la vía 2 de milagro. El cartel que indica la vía está tapado con un andamiaje que alguien dejó y no volverá a moverlo segurante hasta el próximo lunes.

Bajo las escaleras de dos en dos y me dirijo hacia el andén donde está el tren. Otro andamio —¿aquí siempre están de obras?— me obliga a hacer un quiebro y atravesar un pequeño túnel que me despista y me lleva hacia una vía  de la que ya no estoy seguro de si es la mía. La suerte me sonríe y tras preguntar a varias personas que iban en el vagón al que subí en el último momento me confirman que sí, que ese tren llega a Atocha. ¡Prueba superada!

(continuará…)

 

 

 

 

El Congreso. Un viaje por sorpresa (1/2)

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Doce meses de rutas con Wikiloc

Distancia: 16,40 km | Desnivel acumulado: 270 m | Tiempo: 4 h 12 min

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Segundo año que repetimos la visita a los ciudadanos de Martiherrero. Nos reciben como si fuésemos de casa. Gracias José Luis y Raúl.

Enero 2017. Ruta desde el Puente Adaja, en Ávila, hasta la localidad de Martiherrero por la Cañada Real Soriana Occidental. Depués un par de kilómetros por la carretera de Duruelo y regreso a Ávila.

*Ruta que hicimos en 2016

Rutas en Wikiloc:

Ida: Ávila – Puente Adaja – Colegio Especial Santa Teresa (La Casa Grande) – Martiherrero – Las Chinas

Imágenes:

Álbum de fotos de la ruta (Acubri_17 y Javier Hernández)

*Álbum de fotos de 2016

 

Matanza Popular en Martiherrero (Ávila) – enero 2017

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Doce meses de rutas con Wikiloc

Distancia: 6,32 km | Desnivel acumulado: 397 m | Tiempo: 1 h 42 min

Al fondo, entre la niebla se divisa el vértice geodésico de Naves y las aspas de un molino eólico

Al fondo, entre la niebla se divisa el vértice geodésico de Navas y las aspas de un molino eólico (izda)

Enero 2017. Ruta desde el vértice geodésico Navas (1.726 m) a Balbarda, por el camino de los molinos eólicos.

Rutas en Wikiloc:

Vuelta: Tío Blanco – Las Navas – Prado Colladillo – Navavuelta – Fuentelobo (hay una portera) – El Horcajo – Balbarda

*Gracias Carlos, de San Juan del Olmo, por avisarnos de la portera. Casi nos vamos a tu pueblo 😉

Imágenes:

Álbum de fotos de la ruta (Acubri_17 y Javier Hernández)

 

VG Navas (1.726 m) a Balbarda (Ávila) – enero 2017

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foso de ITV

 

“Es cuando el técnico te cataloga en ese listado secreto que tiene donde clasifican a los que pasamos por allí: los normales, los listillos, los torpes, los despistados y los vaya tela. Creo que me ha encasillado en los del último grupo. En ese momento me pide con resignación que me baje del coche. Que le deje a él.”.

—Siga, por favor, y espere allí­ hasta que le toque pasar —me indica el técnico al finalizar el examen del aparato digestivo del motor de mi coche.

—Gracias. Ha sido usted muy amable —respondo con humildad para que no les diga a sus compañeros nada de lo ocurrido.

La espera al sol

Avanzo hacia un patio exterior donde me esperan dos largas filas de coches. Están alineados frente a las entradas de una gran nave donde se revisan a fondo los vehí­culos. Rápidamente cuento los coches que hay en cada fila y elijo la que tiene un coche menos. Jejeje, soy así.

Estamos en el mes de julio, en Ávila, en un patio sin ninguna sombra donde proteger a los vehículos ni tampoco a nosotros, los conductores . Es una tarde calurosa y parece que vamos a pasar un largo rato esperando nuestro turno.

Aquí el movimiento de coches es muy parecido al de los grandes atascos. Todos parados, fuera de los vehí­culos y esperando a que el coche de delante se mueva lo más mí­nimo para salir a la carrera y mover el tuyo esos centímetros con los que dices a los demás ¡aquí­ estoy yo!

Es cuando aparece un nuevo conductor que de forma indecisa elige una de las dos filas para guardar su turno. Nada más que desaparece un coche en la nave observa que ha elegido la fila más larga y comienza a maniobrar, con dificultad, para cambiarse de fila. Primer error. No suele funcionar.

Deben haber puesto algún técnico más para revisar vehículos porque  han llamado a dos coches a la vez ¡de la misma fila! Y ahí tenemos a nuestro indeciso maniobrando una vez más para ponerse en la fila que acababa de abandonar. Segundo error. Ha perdido su sitio y le han enviado al final de la cola.

Llega mi turno

Continúo nervioso. Es una nave muy amplia, con varios coches dentro y con el motor encendido. El ruido y el eco me producen distorsiones a la hora de entender a mi examinador.

—Deténgase. Ponga punto muerto. Freno de mano. Luz de cruce….

Ya estamos. Todas las instrucciones seguidas sin saber si le oigo bien. Espere hombre que baje la ventanilla —me digo para mis adentros.

—Luz larga. Iterminente izquierdo. Intermitente derecho. Antiniebla delantero…

Ji ji ji. Me troncho yo solo con una risita nerviosa. No sé si quiere decir su izquierdo o el mío porque no doy una. ¿Ha dicho antiniebla delantero? ¿Eso no se encendía solo cuando había niebla por la noche?

Estoy convencido de que se hacen señales entre ellos y saben que soy de los de vaya tela. Ha venido otro técnico en mi ayuda y me va indicando como a quien va por primera vez a la autoescuela dónde se encuentran los mandos que tengo que activar. ¿Sabéis dar el agua de los limpias….? Ji ji ji.

Me han liberado de pasar yo mismo por el frenómetro, el foso y el medidor de holguras, verdadero potro de tortura para mi querido utilitario, para evitar algún susto mayor.

Esperando el informe de inspección

Estoy de pie en una pequeña isleta, a modo de zona de descanso, a la espera de que me den el informe técnico. Vamos, como si fuera la cartilla de las notas. Es cuando te fijas en la cara de los conductores que están pasando el calvario que acabas de pasar tú. Pobrecillos.

—¡Señoooor… sólo mueva el volante de un lado para otro pero con el freno pisado!

—¡Nooo… pero no tanto…. que va a meter la rueda en el foso! ¡Crash….. boom!

¿A que no sabéis quién acaba de liarla?

(leer la primera parte del relato)

Pasar la ITV… otra vez (2/2)

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Pasar la ITV… otra vez (1/2)

foso de ITV

 

“Le recordamos que, según nuestros archivos, la Inspección Técnica de su vehículo, matrícula AV-0000-X, caduca el día dd/mm/aaaa, por lo que, le recomendamos lo presente a inspección (*) antes de dicha fecha, evitando de esa forma, posibles sanciones”.

A ver quién es el guapo que no hace caso a la carta que te envían de la ITV ¡Pero si sólo hace un año que la pasé! Otra vez a pasar el exámen.

No es que me moleste pasar la ITV. Estoy a favor de que los vehículos circulen en las mejores condiciones posibles en aras de la seguridad de todos. Es por lo mal que lo paso. Es como si me estuviese examinando de nuevo para sacar el carnet de conducir. ¡Después de tantos años!

La oficina y la cola

Como la ITV está a unos cuantos kilómetros de mi casa, en el trayecto voy repasando mentalmente cómo la pasé el año anterior.

Uno: dejar el coche en la fila, que luego siempre hay un listo que se cuela.

Dos: ir a la oficina a pagar.

Tres: el analizador de gases.

Cuatro: el túnel de pruebas y para casita. Fácil.

Llego a media tarde y sólo hay dos coches delante de mí. Bien. Me acerco y dejo el mío en la fila. Cojo los papeles – la carpeta completa – y voy hacia la oficina.

—Buenas tardes. Saque el permiso de circulación, la tarjeta de inspección técnica y el DNI —me espeta la señorita de la oficina con una rapidez infinita fruto de haberlo dicho mil veces.

¿El permiso de circulación? ¿querrá decir el carnet de conducir? —me interrogo a mí mismo— Por si acaso, y para no parecer memo, distribuyo sobre el mostrador el conjunto de documentos que van en la carpeta y que no he vuelto a ver desde la revisión pasada, es decir, desde hace un año.

—A ver… turismo, gasolina, revisión periódica….. —va repitiendo por lo bajo como justificando el palo que me van a dar de un momento a otro—. Bien, son tantos euros —. He notado cierta lástima en su  mirada. Como si presintiera lo que iba a ocurrir a partir de ese momento.

Vuelvo a mi coche y veo que ya no tengo a nadie por delante. El técnico del túnel de gases me hace una señal para que avance y le hago caso. Bueno, lo intento. De momento el coche no arranca a la primera. ¡Qué momento más inoportuno para calarse! Después de dos intentos más consigo que el motor obedezca y, aunque dando trompicones, consigo llegar.

El capó y el analizador de gases

—Buenas tardes. Deje el motor en marcha. Punto muerto. Freno de mano echado. Abra el capó…— y no sé cuántas cosas más me dijo el técnico y que no acertaba a entender por el ruido que hay en esta zona.

¡Qué manía tiene la gente de darte un montón de órdenes sin mirarte y dar por sentado que oyes todo lo que te dicen!

Con los nervios por el fallido arranque ya no eres tú. No estás seguro de cómo se pone el punto muerto. Se te olvida poner el freno de mano. Y el capó… ¡ay el capó! ¿cómo se abría? ¡si la palanquita estaba aquí —buscando debajo del volante— pero ahora no está!

Es cuando el técnico te cataloga en ese listado secreto que tiene donde clasifican a los que pasamos por allí: los normales, los listillos, los torpes, los despistados y los vaya tela. Creo que me ha encasillado en los del último grupo. En ese momento me pide con resignación que me baje del coche. Que le deje a él.

No acierto a abrir el seguro de la puerta, pues me he liado con los papeles que todavía llevo de la mano,  además del móvil y la botellita de agua… Para colmo, se me ha enganchado el cierre de seguridad de la hebilla del cinturón y no puedo liberarme. Mal vamos. Este año verás como no apruebo.

(seguir leyendo el relato)

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